Los Servicios Ecosistémicos y su valor para el Planeta

En el Perú se encuentra vigente la Ley N° 30215, Ley de Mecanismos de Retribución por Servicios Ecosistémicos (MRSE), la cual fue reglamentada mediante Decreto Supremo N° 009-2016-MINAM. Dichos mecanismos son instrumentos e incentivos para generar, canalizar, transferir e invertir recursos económicos, financieros y no financieros, a través de un acuerdo voluntario entre los contribuyentes y retribuyentes al servicio ecosistémico. Con ello, se anima y garantiza la conservación, recuperación y uso sostenible de las fuentes de los servicios ecosistémicos, los cuales son beneficios económicos, sociales y ambientales que se obtienen del buen funcionamiento de los ecosistemas.

Según el Reglamento de la Ley N° 30215, los servicios ecosistémicos (o ambientales) son aquellos beneficios económicos, sociales y ambientales, directos e indirectos, que las personas obtienen del buen funcionamiento de los ecosistemas. Entre los servicios ecosistémicos que pueden formar parte de un «mecanismo de retribución» se encuentran: la regulación hídrica; el mantenimiento de la biodiversidad; el secuestro y almacenamiento de carbono; la belleza paisajística; el control de la erosión de suelos; la provisión de recursos genéticos; la regulación de la calidad del aire; la regulación del clima; la polinización; la regulación de riesgos naturales; la recreación y ecoturismo; el ciclo de nutrientes; y la formación de suelos, los cuales son de gran valor para el planeta.

En el Perú, el OSINFOR, Organismo de Supervisión de los Recursos Forestales y de Fauna Silvestre,  busca promover el uso eficiente de los múltiples productos y servicios del bosque, para asegurar la viabilidad económica y una gama amplia de beneficios ambientales y sociales.

Según el Diario El País «una nueva investigación, publicada en la revista Nature sustainability (Sostenibilidad de la Naturaleza) y difundida por el sitio especializado Mongabay, estima que en total, la selva Amazónica contribuye con al menos 8,2 mil millones de dólares anuales a la economía brasileña».

De ese total, aproximadamente 3,3 mil millones se generan en áreas bajo propiedad privada, mientras que las áreas protegidas, las de uso sostenible y las tierras indígenas contribuyen, conjuntamente, unos 3 mil millones de dólares. Asimismo, la Amazonía brasilera todavía preserva cerca de 340 millones de hectáreas de bosques, de las cuales unas 62 millones de hectáreas siguen estando sin designar y bajo riesgo de ocupación por intereses privados. Estas áreas sin designar proveen otros 1,9 mil millones de dólares cada año.

Según esta investigación, deforestar los bosques significaría una “seria amenaza a la producción agropecuaria, ya que reduciría las lluvias causando perdidas agrícolas de 422 millones de dólares anuales, equivalentes al 35% de las utilidades netas totales de la industria soyera del estado de Mato Grosso, el mayor productor de este cultivo en Brasil”.

Según el estudio, en algunas regiones de la Amazonía, la deforestación de tan solo una hectárea puede causar la pérdida de 40 dólares en la producción de castaña y 200 dólares en la producción de madera cada año. En cambio, preservar la cobertura boscosa puede generar 737 dólares por hectárea cada año en algunas áreas.

El trabajo fue realizado por un equipo de investigadores liderados por Britaldo Soares-Filho, profesor de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), y Jon Strand del Banco Mundial, y es busca cuantificar las contribuciones económicas de un rango de servicios ecosistémicos generados en la Amazonía brasilera, incluyendo la producción de alimentos (especialmente la recolección de castaña), provisión de materia prima como caucho y madera, captura de carbono y regulación del clima regional y global.

Los investigadores afirman que sus hallazgos pueden contribuir a mejorar las medidas de conservación de la selva tropical, tales como los esquemas de Pagos por Servicios Ambientales (PES, en inglés), que permiten usos sostenibles. Sus hallazgos también muestran la importancia de conservar la selva Amazónica no solo para proteger su rica biodiversidad, sino también para asegurar la sostenibilidad de la producción agrícola.

Más valor

Algunos activistas y académicos han advertido que cuantificar el valor económico de los servicios ambientales generados por los ecosistemas, en este caso la Amazonía, enfrenta dos problemas principales.

Primero, que hacerlo es muy difícil y se tiende a subestimar este valor, ya que hay muchas variables que escapan de los análisis y modelos que suelen enfocarse en lo que es más monetizable y no tanto en lo intangible, que puede ser igual o más valioso. Segundo, esta cuantificación puede alentar esquemas (como los REDD o REDD+) que tiendan a la privatización de áreas de la selva, que de otra manera podrían ser mejor conservados con manejo comunal o en combinación con instancias estatales.

Sin embargo, también es cierto que cuantificar los servicios ecosistémicos de la Amazonía ayuda a que tanto el público como las autoridades tengan una idea más concreta del valor de estos. Especialmente en un mundo globalizado capitalista, el lenguaje que mejor se entiende es el del dinero, por lo que esta puede ser una de las pocas estrategias eficaces para llamar la atención sobre lo que se puede ganar y perder según la forma en que se gestionen estas áreas.

Soares-Filho, líder de la investigación, resalta que “el bosque conservado es mucho más valioso que el área deforestada, especialmente si comparamos sus beneficios para la sociedad en su conjunto frente al valor obtenido cuando es apropiado y aprovechado por unos pocos”. Y admitió que, precisamente, no fue posible para el estudio siquiera cuantificar el rango completo de servicios ambientales provistos por la Amazonía: “Trabajamos con valores que son medibles. Hay servicios ambientales que no podemos siquiera imaginar, como aquellos relacionados al patrimonio genético que es todavía desconocido”.

En Bolivia todavía no se han hecho estudios similares. Por ello, la investigación de la UFMG puede ayudar a por lo menos tener una idea de la importancia de la Amazonía boliviana en términos económicos, y coadyuvar a que las autoridades “manejen diferentes elementos del bienestar humano, proveyendo así las bases para la sostenibilidad económica y ambiental”.

El rol del agronegocio

En un trabajo junto con Raoni Rajão, también de la UFMG, encontraron que en el periodo 2004-2012 la deforestación de la Amazonía brasileña se redujo en un 84%. Pero luego volvió a aumentar debido principalmente “a los intereses del agronegocio y sus esfuerzos exitosos para debilitar las leyes ambientales de Brasil”, y advierten que incluso el movimiento conservacionista se ha acercado a los agroindustriales.

Así, tanto los monocultivos como la ganadería han sido promovidos con fondos que tenían que ser destinados a la conservación, y con apoyo de grupos conservacionistas, reduciendo su objetivo a simplemente controlar el impacto de estas actividades.

Por ello, los expertos proponen volver a los mecanismos de conservación, regulación, monitoreo y ejecución de acciones. “Hay todavía 40 millones de hectáreas sin designar que tienen que volverse áreas protegidas en la Amazonía para prevenir el acaparamiento de tierras”, afirman. Fuente: Diario El País «Cuánto valen los Servicios ecosistémicos de la Amazonía?».