Principios y Reglas de la Oralidad en el nuevo Proceso Laboral Peruano, según la LEY N° 29497

CONTENIDO

1.- Introducción; 2.- La prevalencia de la oralidad en los procesos laborales: a. Principio de oralidad; b. Principio de celeridad; c. Principio de inmediación; d. Principio de concentración; 3.- Las reglas en las Audiencias en el nuevo proceso laboral peruano.

 

1.- INTRODUCCIÓN.

Ya desde el año 2006, en que se expidió la Ley N° 20087 en nuestra hermana República de Chile, pudimos conocer a nivel comparado la oralidad como característica primordial en el nuevo proceso laboral chileno; luego, en el año 2007, Colombia promulga su Ley N° 1149 implantando la oralidad en sus procesos ordinarios laborales; algunos no creyeron en esta reforma, pero al fin en el año 2010, el Distrito Judicial de Tacna, en el Perú, fue testigo de que el proceso laboral podía dar un salto cualitativo.

Nuestra Nueva Ley Procesal del Trabajo (NLPT), Ley N° 29497 adopta la característica de que su proceso sea “predominantemente oral” ya que algunas actuaciones y piezas procesales todavía se realizan en forma escrita; sin embargo, existen otras características que le dan matices de singularidad a este proceso, por lo que resulta necesario realizar un estudio minucioso sobre los principios que fortalecen a este nuevo modo de desarrollo procesal.

La doctrina favorable a la oralidad defiende la tesis de que el uso de la oralidad lleva a procesos de menor duración o a una justicia más expeditiva comparado con los procesos escritos[i], pero los contrarios observan que, por varios motivos, esto en la práctica puede no ser así, por la mayor necesidad de presencia judicial[ii] o por la complejidad de los asuntos[iii].

A nivel del Derecho comparado, connotados juristas han dicho de todo respecto a la oralidad, en cuanto a la calidad de la justicia, los juristas inclinados a la oralidad afirman que a través del proceso oral se imparte una justicia más humanizada[iv], y que es más difícil que se pueda mentir al juez[v]. También se habla de mayor transparencia, y menos corrupción judicial, con un proceso oral[vi]. Pero los críticos en cambio alegan que la oralidad perturba negativamente a la calidad de la justicia. Dicen que la oralidad se asocia a mayor precipitación y superficialidad en el juicio, simplificación de problemas, inducción a descuidos[vii], y posibles errores por falta de capacidad de reacción[viii]. De forma indirecta, la oralidad, unida a la sobrecarga de trabajo de los órganos jurisdiccionales, da lugar a resoluciones más rápidas y más probablemente incorrectas[ix]. Y finalmente, se dice que en realidad la escritura evita la arbitrariedad de quienes intervienen en el proceso[x], y aporta seguridad jurídica[xi], lo que hace que el proceso sea mejor.

 

2.- LA PREVALENCIA DE LA ORALIDAD EN LOS PROCESOS LABORALES.

Los diferentes sistemas jurídicos de nuestro ámbito cultural se inclinan por mantener que en el proceso laboral prime la oralidad sobre la escritura, conclusión ésta de la que se derivan los restantes principios que caracterizan el citado proceso, y que son: la celeridad, la inmediación y la concentración, de las que a su vez se derivan otras características no por adjetivas menos importantes. A continuación pasamos a desarrollar los mencionados principios.

Citando a Chiovenda[xii], entre los efectos del uso de la oralidad, identificados con el movimiento de “publificación” del proceso, estarían las siguientes: la concentración de las actuaciones procesales, la inmediación judicial, la publicidad del proceso, la atribución de poderes al juez en materia probatoria, la utilización de la sana crítica para la valoración de la prueba, la atribución al juez de poderes correctivos, y la inexistencia de recursos impugnatorios contra las decisiones interlocutorias que se dictan en el proceso.

A continuación, desarrollo los principios que rigen al nuevo proceso laboral:

  1. Principio de oralidad.

En el proceso laboral predomina la oralidad sobre la escritura, lo que significa en primer término que “la resolución judicial sólo puede basarse en las pruebas y expresiones aportadas oralmente”. No obstante ello, debo precisar que la oralidad no significa “desaparición absoluta de escritura”, puesto que un proceso totalmente oral hoy en día es casi imposible; además debemos aceptar que ni la oralidad ni la escritura sirven por sí solas para garantizar una decisión justa, siendo necesaria una combinación de ambas. El proceso laboral se coloca así como lo más opuesto del procedimiento común, ya que el principio de oralidad se contrapone al principio de formalización escrita dominante en el proceso civil tradicional.

La oralidad se manifiesta específicamente durante las Audiencias, cuando el demandante corrobora su demanda y el demandado la contesta, y se propone y practica la prueba en presencia del magistrado. Pero también se evidencia en algunos sistemas jurídicos a través de la ausencia documental a la hora de actuarse la pretensión por la parte demandante y a la hora de recibir la contestación a la misma, o a través de la exigencia mínima de una demanda elaborada sin necesidad de sujetarse a requisitos formales escritos, o incluso a través de la resolución del conflicto por medio de una sentencia in voce dictada por el juez.

Dicho esto, aclaro que no existe impedimento para que el concreto desarrollo de lo practicado en el acto de Audiencia se documente en acta, lo que se hace simplemente con la finalidad de ordenar de modo operativo la ruta del proceso en sí, y facilitar su terminación al juez encargado de dictar el respectivo fallo. En este punto coincido con el maestro español Miguel Rodríguez Piñero[xiii] que menciona lo siguiente:

 

(…) el acta del juicio tiene un significado meramente procedimental (…) y de preparación de la decisión misma al recordar y sintetizar el material aportado al juicio, pero, por así decirlo, no “fijándolo”. La base para la resolución del magistrado debe ser así lo «oído» por él en el juicio, no lo que de ello quede constancia en el acta, aunque ésta le pueda servir de recordatorio, que no le vincula necesariamente.

 

Una consecuencia que genera la oralidad en el proceso, es la publicidad de los actos procesales, ya que como se ha dicho en el ambiente jurídico con bastante acierto “sólo cabe divulgación en un proceso oral en el que las actuaciones ‘palabreadas’ pueden ser presenciadas por terceras personas, incluso por quienes no tienen interés alguno en la materia controvertida”. Por el contrario, “el proceso escrito se adecua muy mal a esa publicidad, pues se trataría de que el expediente judicial fuera accesible al público, lo que sería difícilmente realizable[xiv].

Mediante la oralidad, se pretende simultáneamente la simplificación del proceso, su accesibilidad por parte de los litigantes, la facilitación al juez del conocimiento de alegaciones y pruebas, así como la mayor rapidez de las actuaciones. La oralidad en suma, nos conduce simplemente a la exposición de los demás principios en que se sustenta el proceso laboral.

  1. Principio de celeridad.

La celeridad se deriva de la oralidad, ya que “se aspira a eliminar las trabas que para la tutela jurisdiccional efectiva supone una administración estrecha de justicia”. La adopción de la oralidad como criterio de desarrollo procesal conduce directamente a la simplificación y a la rapidez del proceso. La prontitud, la urgencia y el formalismo  básico e imprescindible que la Ley Procesal del Trabajo otorga al proceso laboral, no admite demoras innecesarias provocadas por los litigantes, ni se envuelve en un formalismo rígido y abundante. La celeridad constituye “el objetivo primordial perseguido en el proceso especial de trabajo.

  1. Principio de inmediación.

Por inmediación entendemos básicamente la “directa relación entre el juzgador y las partes”; a través de este principio se destaca la necesidad de que el juez que debe pronunciar la sentencia haya asistido a la práctica de las pruebas de las que obtiene certeza y haya entrado en contacto directo con las partes, con los testigos, con los peritos, con los objetos del proceso, de forma que pueda valorar las declaraciones de tales personas y las condiciones de los sitios, objetos y factores litigiosos, fundándose en la impresión inmediata recibida de ellos, y no en referencias ajenas.

El principio de inmediación conduce forzosamente a determinadas y muy importantes consecuencias, como son el protagonismo del Juez en el proceso, y la imposibilidad de su reemplazo por otro. En cuanto al mencionado protagonismo del magistrado, es una verdad reconocida que al mismo se encarga, en el proceso de trabajo la búsqueda de la verdad material, no meramente de la verdad formal, y que –dada la mencionada falta de formalismos en el citado proceso, por lo cual las partes pueden comparecer sin requerir la asistencia legal de un abogado– ayude y auxilie a las partes para evitar posibles escenarios de indefensión.

El protagonismo del juez en el proceso laboral se verifica, así también a través de las vastas posibilidades de apreciación de los medios probatorios aportados que generalmente se le reconocen, y que se hacen en particular patentes con respecto a la de testigos. Por supuesto, la valoración libre de los elementos probatorios es viable dada la aprobación de la oralidad como plataforma de desarrollo del proceso, que frena la minuciosidad a la hora de dejar constancia de la misma, y que exige, por tanto la celeridad en su valoración y en la formación de conclusiones. En este punto, la escritura suele imponer criterios legales de apreciación del material probatorio, que obligan al juzgador.

  1. Principio de concentración.

Como secuela de la preponderancia de la oralidad, se admite ordinariamente que el proceso laboral viene gobernado por el Principio de concentración, lo que conlleva, desde una visión temporal, que “los actos procesales no pueden escindirse en el tiempo por plazos interrumpidos”, o que, de existir tales plazos, sean los más efímeros posibles, y, desde el punto de vista procesal, que las partes aporten el debate oral (Audiencia) absolutamente todo el material del proceso[xv].

El principio mencionado conduce ineludiblemente a que, en cuanto a la actividad procesal, se aspire a la “unidad de acto”, a que “todos los actos procesales se realicen en una única audiencia”.

 

3.- LAS REGLAS EN LAS AUDIENCIAS EN EL NUEVO PROCESO LABORAL PERUANO.

Diversos trabajos han desarrollado en nuestro ámbito el tema de las Audiencias en la Nueva Ley Procesal del Trabajo, describiendo sus secuencias y formalidades, sin embargo, ellas no podrían llevarse a cabo sin que las partes y el juez se sujeten a reglas específicas, que coadyuvarán a la realización de un proceso más dinámico y simple, pues como hemos explicado, no se trata de encartonar el modo de desenvolvimiento de la Audiencia, sino de darle mayor eficiencia a los tiempos con que cuenta el órgano jurisdiccional para resolver el conflicto, que generalmente son mínimos.

En principio, una de las máximas en nuestro proceso laboral peruano constituye el respeto hacia el órgano jurisdiccional y hacia toda persona presente en la audiencia, en tal sentido está prohibido agraviar, insultar o burlarse del contendor, así como interrumpir mientras se hace uso de la palabra, usar teléfonos celulares u otros análogos sin autorización del juez; tampoco puede abandonarse injustificadamente la sala de audiencias, ni realizar expresiones de aprobación o censura respecto de lo que se diga en audiencia pública.

Las partes deben colaborar fielmente en la labor de impartición de justicia; por ello, está prohibido mentir, ofrecer medios probatorios inexistentes, obstruir la actuación de las pruebas, generar dilaciones que pretendan provocar injustificadamente la suspensión de la audiencia, o desobedecer las órdenes dispuestas por el juez. (Art. 11 NLPT)[xvi].

Estas infracciones son sancionadas por el juez en pleno acto de audiencia con multas no menor de media (½) ni mayor de cinco (5) unidades de referencia procesal. (Art. 15 NLPT). Existe responsabilidad solidaria entre las partes, sus representantes y sus abogados por las multas impuestas a cualquiera de ellos, aclarándose que no se extiende la responsabilidad solidaria al prestador de servicios (Art. 15 NLPT).

Ya lo hemos dicho, las audiencias son esencialmente un debate oral de enfoques y perspectivas, que la preside el juez, quien podrá interrogar a las partes, sus abogados y terceros participantes en cualquier momento.

Las actuaciones realizadas en las audiencias, salvo la etapa de conciliación, son registradas en audio y vídeo utilizando cualquier medio técnico apto que permita garantizar fidelidad, conservación y reproducción de su contenido. Estos medios de registro de información, son conservados diligentemente en el Poder Judicial de forma permanente, por ello las partes tienen derecho a la obtención de las respectivas copias en soporte electrónico, a su costo.

La grabación de las incidencias ocurridas durante las audiencias se incorpora al expediente. Adicionalmente, el juez dejará constancia en acta únicamente de lo siguiente: a) Identificación de todas las personas que participan en la audiencia; b) Descripción correcta de los medios probatorios que se hubiesen admitido y actuado; y c) El contenido básico de los fundamentos de la resolución que suspende la audiencia, el pronunciamiento respecto de los incidentes extraordinarios y el fallo de la sentencia o la decisión de diferir su expedición. En el proceso ordinario laboral que comprende la audiencia de conciliación y la audiencia de juzgamiento, si mediante la Conciliación se soluciona el conflicto de intereses, no habrá necesidad de arribar a una segunda audiencia[xvii].

El estudio de las reglas y los principios citados en el presente trabajo constituyen la parte medular del nuevo proceso laboral, lo cual debe ser materia de reflexión y análisis por los operadores jurídicos y los nuevos técnicos en materia laboral.

 

NOTAS:

[i]               CAPELLETI, Mauro.- Procédure orale et procédure écrite, Rapport Général présenté au VIIIe Congrès International de Droit Comparé, Section II-C-2, Dott. Giuffré Editore, Milano (1970), pág. 59-66; PRIETO CASTRO, Leonardo.- Tratado de derecho procesal civil, Proceso declarativo y proceso de ejecución, Ed. Aranzadi, Pamplona (1982), pág. 537; FAIREN GUILLEN, Víctor.- Teoría general del derecho procesal, Ed. Universidad Nacional Autónoma de México (1992), pág. 402, cita a Klein; COLMENARES URIBE, Carlos Alberto.- La oralidad en el proceso, en Pruebas y oralidad en el proceso (Rodrigo Rivera Morales Coord.), Librería J. Rincón, Venezuela (2007), pág.317; BUITRAGO MÁRQUEZ, Brenda Yamilé, ¿Por qué la necesidad de un proceso civil por audiencias?, en Pruebas y oralidad en el proceso (Rodrigo Rivera Morales Coord.), Librería J. Rincón, Venezuela (2007), pág. 342;

[ii]               PICÓ I JUNOY, Joan.- Análisis crítico de la situación actual de la justicia civil, Revista Justicia nº 3-4 (1999), pág. 418; RUIZ-MICHELLE AZUAJE, Gustavo, Axiología crítica del proceso oral, en Pruebas y oralidad en el proceso (Rodrigo Rivera Morales Coord.), Librería J. Rincón, Venezuela (2007), pág. 190 y 194.

[iii]               NIEVA FENOLL, Jordi, Los problemas de la oralidad, en Pruebas y oralidad en el proceso (Rodrigo Rivera Morales Coord.), Librería J. Rincón, Venezuela (2007). Publicado también en Revista Justicia Nº 1 (2007), pág. 290, 297.

[iv]              VASQUEZ SOTELO, José Luis.- Los principios del proceso civil, Revista Justicia Nº 4 (1993), pág. 640; COLMENARES URIBE, Carlos Alberto.- ob.cit. (2007), pág.317.

[v]               CHIOVENDA, Giuseppe, Principios de derecho procesal civil, Tomo II, Editorial Reus, Madrid (1925), pág. 131-132.

[vi]              MONTERO AROCA, Juan, Análisis crítico de la Ley de Enjuiciamiento Civil en su centenario, Ed. Civitas, Madrid (1982), Pág.100; RUIZ-MICHELLE AZUAJE, Gustavo, Axiología crítica del proceso oral, en Pruebas y oralidad en el proceso (Rodrigo Rivera Morales Coord.), Librería J. Rincón, Venezuela (2007), pág. 193.

[vii]              NIEVA FENOLL, Jordi.- ob. cit. (2007). pág. 289, 298-300.

[viii]              VASQUEZ SOTELO, José Luis.- ob.cit. (1993), pág. 640; NIEVA FENOLL, ob.cit. (2007), pág. 295-296.

[ix]              RUIZ-MICHELLE AZUAJE, Gustavo.- ob.cit. (2007), pág. 196

[x]               VASQUEZ SOTELO, José Luis.- ob.cit (1993), pág. 640; COLMENARES URIBE, Carlos Alberto.- ob.cit. (2007), pág. 639

[xi]              MONTERO AROCA, Juan.- ob.cit. (1982), Pág.91-92

[xii]              CHIOVENDA, Giuseppe.- ob.cit. (1925), pág. 131-135

[xiii]              RODRIGUEZ PIÑERO, Miguel.- Sobre los Principios Informadores del Proceso de Trabajo. La oralidad y sus consecuencias: “El Juicio oral”. Pág. 56. Publicado por CEPC: Centro de Estudios Políticos Constitucionales, Madrid, España. http://www.cepc.es/rap/Publicaciones/Revistas/10/RPS_081_021.pdf

[xiv]             RODRIGUEZ PIÑERO, Miguel.- Ob. Cit.

[xv]              RODRIGUEZ PIÑERO, Miguel.- Ob. Cit.

[xvi]             TOLEDO TORIBIO, Omar.- Los principios en la nueva Ley Procesal del Trabajo, en Diplomado del Colegio de Abogados de Lima, ver http://www.cal.org.pe/pdf/diplomados/principios_ley.pdf

[xvii]             ROMERO MONTES, Francisco Javier.- El nuevo Proceso Laboral. Doctrina Legislación y Jurisprudencia. Edit. Grijley, Lima, 2011, pág. 277.